jueves, 19 de enero de 2017

Innovación Social

Este concepto tan de moda ahora nos resulta útil para reflexionar sobre nuestro trabajo diario y los retos que tenemos por delante.  Según la Estrategia 2020 de la Unión Europea “La Innovación Social consiste en encontrar nuevas formas de satisfacer las necesidades  sociales, que no están adecuadamente cubiertas por el mercado o el sector público… o en  producir los cambios de comportamiento necesarios para resolver los grandes retos de la sociedad… capacitando a la ciudadanía y generando nuevas relaciones sociales y nuevos modelos de colaboración. Son, por tanto, al mismo tiempo innovadoras en sí mismas y útiles para capacitar a la sociedad a innovar…”.

En nuestro caso, podemos afirmar que el París 365 ha realizado una actividad innovadora en el sentido que ha intervenido cuando entendía que una necesidad social, por ejemplo de una alimentación adecuada para colectivos más vulnerables no estaba cubierta (por ejemplo, no existía un comedor social en Pamplona por allá en el 2009) o que los nuevos demandantes de nuestros servicios requerían que su necesidad fuese atendida de otra forma, ya sea más integral, atendiendo otros aspectos (emocionales y/o relacionales) o sencillamente requerían otra forma de acceder a una alimentación equilibrada. En ciertos casos, se requería conocer la situación de las “personas sin Hogar” y hacer un primer acercamiento con el pretexto del reparto de la “Sopa Caliente París 365” a partir del invierno de 2012. En otros, como en el de las familias, introdujimos el reparto de cestas básicas, dando un paso muy importante en 2016 con la creación de la “Despensa Solidaria París 365”.

Podríamos citar otros ejemplos, pero el de la Despensa resulta emblemático de innovación porque fuimos capaces de forma ágil generar un nuevo modelo de entrega de alimentos en la que las familias beneficiarias son las protagonistas, siendo ellas en un ejercicio de responsabilidad las que deciden como confeccionan su cesta a partir de nuestra oferta que cubre todos los grupos de alimentos. Como en el comedor solidario, en la despensa importa el lugar, su ambientación, ubicación y el trato personalizado. El funcionamiento semanal permite gestionar mejor los productos frescos, darle mejor salida a donaciones extraordinarias, etc. Además de ellos, se enseña a las personas usuarias a cocinar y aprovechar los productos locales, por lo que también es una forma de integración social.  El resultado de esta estrategia, es que desde septiembre hemos pasado de 40 a 50 familias mensuales atendidas y hoy día existe lista de espera para acceder al recurso, a las que atendemos, mientras tanto, en el comedor con tarteras con comida para llevar a casa.

La innovación se refleja también en la agilidad e inmediatez de nuestra atención, algo vital en casos de urgencia, sin perder rigurosidad en los procesos de acceso a nuestros servicios e intentando no perder la perspectiva que es luchar por la justicia social. Esto es posible gracias a un equipo de personas trabajadoras y voluntarias altamente comprometidas.

Sin embargo, la realidad es que estos procesos innovadores requieren financiación para su implementación. Las donaciones en especie y todo tipo de colaboraciones son de gran ayuda, pero en la medida que estos recursos son deficitarios requieren una importante inyección de dinero. De ahí, que esta potencia innovadora la hallamos llevado a los emprendimientos sociales, para seguir generando valor social (empleo social) y conseguir financiación, pero esto no es suficiente porque también requiere de inversión.

Desde que iniciamos hace más de 7 años, hemos procurado generar nuestros propios ingresos y no ser dependientes de las ayudas públicas o de obras sociales bancarias (han representado en promedio el 30% de nuestros ingresos), algo en lo que también hemos sido innovadores, pero requiere grandes esfuerzos, por lo que es imprescindible seguir contando con el apoyo social para seguir financiándonos. Creemos, que a pesar de que para 2017 se ampliará la cobertura de las ayudas sociales con la nueva Renta Garantizada, todavía habrán personas sin protección social o habrá que satisfacer determinadas necesidades sociales de otra forma (más ágiles, nuevos formatos, etc.), por lo que el papel de organizaciones como el París 365 seguirá siendo muy importante, dada nuestra capacidad innovadora. Para lograrlo, necesitamos seguir contando contigo!

(*) Gerente y Coordinadora de Proyectos del Paris 365.








jueves, 5 de enero de 2017

La otra cara de la misma moneda.


En los últimos meses es habitual encontrarnos, en la gran mayoría de los medios de comunicación (radio, prensa, televisión e internet), un extenso argumentario sobre la mejora de nuestra economía, una mejora que dicen evidente con estadísticas e índices como la mejora del producto interior bruto (PIB), de la renta per cápita (RPC) y otros que además de no ser entendidos por la gran mayoría de la ciudadanía esconden una realidad dramática, ya que, después de casi una década nuestra calidad de vida, el poder adquisitivo de nuestros salarios, de nuestras pensiones, nuestros servicios públicos, nuestro estado de bienestar es sensiblemente peor que antes del comienzo de la crisis, en definitiva, casi todos y todas hoy vivimos peor que hace 8 años.

La otra cara de la misma moneda es mucho más clarificadora, como muestra veamos algunos botones de lo ocurrido en Navarra: el número de personas desempleadas al finalizar el año 2007 era de 13.000 personas, hoy su número alcanza las 40.045 personas; durante el año 2008 el número de desempleados que cobraron alguna prestación fue del 72,23 %, frente al solo 53,20 % en el año 2015; en el periodo 2009-2014, los hogares navarros han perdido un 12,21% de su renta; el número de hogares sin ingresos en el año 2008 fue de 2.091 frente a los 7.071 del 1er. trimestre del año 2016; el sueldo medio en el año 2015 fue 320 euros inferior al de 2011; los salarios han caído en Navarra un 2,4 % entre 2008 y 2014, por el contrario el incremento de los precios se incrementó repuntado un 8,8 % en el mismo periodo; un eventual cobra hoy 1.400 euros menos al año que en 2009; en el año 2016, 56.100 pensionistas cobran por debajo de los 700,00 € mensuales; en el año 2016 los precios subieron un 1,5 %, mientras las pensiones subirán en el 2017 un 0,25 %.

Es verdad que en Navarra, desde hace muchos años, estamos a la cabeza de las estadísticas e índices de bienestar, servicios públicos y prestaciones sociales en comparación con el resto del estado, pero no es menos verdad que en nuestra tierra existen miles y miles de personas que sufren el desgarro de la pobreza y la exclusión social, no es menos verdad que la desigualdad sigue incrementándose año tras año de manera alarmante, no es menos verdad la evidente precarización del mercado laboral y la aparición de nuevos fenómenos sociales como tener trabajo y no poder eludir la pobreza, no es menos verdad que ya miles y miles de personas no se incorporarán nunca más al mercado laboral en condiciones de dignidad y muchos de ellos y ellas solo podrán acceder a pensiones miserables.

Por ello insistimos una y otra vez, desde las comunidades solidarias que trabajamos en el ámbito de la pobreza y la exclusión social, que queda mucho trabajo por hacer y que es imprescindible que gobernantes, poderes económicos, medios de comunicación y ciudadanía en general pongan por delante de cualquier otra prioridad el interés general y el bienestar de todos los navarros y navarras y que para ello es imprescindible practicar individual y colectivamente un reparto más igualitario de la riqueza.    

(*) Presidente de la Fundación Gizakia Herritar/Paris 365.

domingo, 24 de abril de 2016

Derechos y Valores Europeos en busca de Refugio.



En Europa tenemos un grave problema con las personas refugiadas (o más bien las personas refugiadas tienen un grave problema con Europa). Esta situación se produce, entre otras razones, como consecuencia de la crisis de valores, entendida ésta como un cambio en los principios sustentadores de nuestra idea y definición del mundo y de nuestro lugar en el mismo.

Durante décadas se nos ha contado o, como se dice ahora, se ha construido un relato en el que cualquier persona es sujeto de derechos irrenunciables (los tan manidos derechos humanos) que se supone son los garantes de una vida digna para todas las personas: integridad física y psicológica, no tortura o trato degradante, seguridad personal, salud integral, libertad en la elección del lugar de residencia, libertad de movimiento, no discriminación. Sin embargo, y aunque esto no quede tan bien en “los relatos” de la arcadia europea, otros valores han ido construyendo “la realidad”. Valores, en este caso, basados en unos principios orientados a garantizar y desarrollar contextos favorecedores de una serie de privilegios económicos, políticos, sociales e incluso medioambientales para algunas personas. Ese tipo de valores configuran un paradigma en la visión del mundo y de nuestro lugar en el mismo. Un mundo privilegiado que se construye y se mantiene a partir de la negación, opresión o eliminación de otros mundos.

Un mundo en el que sólo tienen cabida quienes nosotros elijamos, un mundo al que únicamente pueden acceder las personas que consideremos no ponen en peligro nuestra seguridad, integridad e identidad. Esta política de “refugio selectivo” pervierte absolutamente el mandato de  La Convención de Ginebra de 1951, que consagró por primera vez el derecho de asilo y refugio estableciendo que «ningún Estado podrá, por expulsión o devolución, poner en modo alguno a un refugiado en las fronteras de los territorios donde su vida o su libertad peligre por causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social, o de sus opiniones políticas». La redefinición europea de ese derecho es la siguiente: ninguna persona refugiada podrá hacernos sentir que pone en peligro  la libertad, la identidad, la nacionalidad, la religión, los privilegios económicos, la seguridad ni el status quo de ningún Estado.

En definitiva, desde hace tiempo lo que prima en Europa no son los Derechos Humanos sino la defensa de  los derechos de Estado y los privilegios de unos pocos. Esta concepción del mundo aliena a todos los habitantes, privilegiados o no, ya que nos priva de la dignidad inherente al ser humano, dificultándonos el ejercicio de nuestro derecho a la solidaridad.

Por esta razón creo que es hora, como muy bien dice una persona muy cercana, de ejercer la desobediencia civil, rechazando la razón y el derecho de Estado y reivindicando el ejercicio de ayudar al otro cuando su vida o libertad peligre por causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social o de sus opiniones políticas.


(*) Myriam Gómez García. Colaboradora del Paris 365. Trabajadora Social. Especialización en ética aplicada a la intervención social.



sábado, 16 de abril de 2016

Austeridad y Refugiados



Han pasado cuatro años desde que jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea firmaron el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza o TECG. Aquel gran acuerdo se producía en el marco de una Unión económicamente agónica, como resultado de la crisis financiera de 2008. Ese fue el inicio de la unión fiscal, de lo que conocemos comúnmente como austeridad. Las actuales turbulencias deberían llamar nuestra atención sobre las consecuencias de una política presupuestaria, que podríamos calificar de distópica. 

Atender necesidades extraordinarias, y por otro lado inaplazables, exige el desembolso de una cantidad adicional de dinero que rompe necesariamente el principio de la disciplina fiscal. Jean-Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, prometió a finales de 2015 excluir del cómputo de déficit los gastos derivados del auxilio a los refugiados. De esta medida extraemos una preocupante conclusión: los recortes sistemáticos son incompatibles con la defensa de los Derechos Humanos. Todos reconocemos la vigencia de textos fundamentales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 o la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, sin embargo, la puesta en práctica de estos principios requiere una fuerte inversión. Empezamos a tomar verdadera conciencia de ello cuando en 2001, al calor de la Directiva de aquel mismo año, creamos un Fondo Europeo para los Refugiados. Es fácil adivinar que dicha previsión se ha visto desbordada. Antes de firmar los primeros acuerdos con Turquía, Europa necesitaba encontrar 2.300 millones de euros para poder dar cumplimiento a sus obligaciones humanitarias. El último plan económico del que tenemos noticia está dotado de 700 millones de euros, fue creado por la Comisión Europea y debe ejecutarse hasta 2018. No obstante, estas cantidades quedan muy por debajo de los 6.000 millones comprometidos con Turquía.

Necesitamos revisar nuestros horizontes presupuestarios, hacerlos más flexibles, más realistas, pues las crisis migratorias no se pueden prever ni tampoco ignorar. Pensemos por un momento en Grecia, un país enfermo que había hecho del gasto público excesivo uno de sus pilares económicos, y que desde 2010 es objeto de rescates nocivos. Los despidos de funcionarios, la bajada de salarios y pensiones, la destrucción de empleo y las privatizaciones forzosas que hoy se siguen sucediendo, nos hablan de un Estado absolutamente replegado, maniatado para poder tomar iniciativas que vayan más allá del pago de su deuda. En tales circunstancias, ¿Cómo atender adecuadamente a los refugiados que llegan a Lesbos, Samos, Quios, Leros y Kos? ¿Con qué clase de fondos se podría evitar el hacinamiento de Idomeni o del puerto del Pireo? A pesar de todo el austericidio sigue su propio camino, la reciente propuesta de elevar el IVA griego del 23% al 24% se hace para satisfacer una nueva exigencia del FMI no de ACNUR. En resumidas cuentas, un país cuya deuda pública podría alcanzar el 200% de su PIB en 2017 pierde toda capacidad de atender las necesidades básicas. Ni siquiera la participación de la OTAN en la patrulla del Egeo, ha sido incapaz de conseguir que hasta 1.600 personas llegasen en un solo día a Grecia. Con todo lo que hemos visto ¿Qué sentido tiene seguir presionando las economías de los países receptores?.

El reconocimiento de un derecho conlleva la responsabilidad material de llevarlo a cabo, y debe ser una obligación tan vinculante como la de cualquier tratado europeo. La globalización no sólo permite mover capitales a grandes distancias, incluida Panamá, sino que atrae con la misma facilidad a víctimas de incontables injusticias. De un tiempo a esta parte, Siria, Irak, e incluso Afganistán han dejado de ser lugares remotos. Así, la disponibilidad de fondos es una condición esencial para reforzar nuestra aspiración de sociedades libres y solidarias. No puedo sino sentir envidia con la efectividad con la que Canadá ha podido financiar la acogida de 25.000 refugiados. Sus condiciones de partida son diferentes, de acuerdo, pero después de todas las recetas que venimos aplicando desde 2011 y 2012, deberíamos haber conseguido un futuro mejor, no solo para nosotros mismos sino para los que recurren a nuestra protección.

(*) Jaime Aznar Auzmendi. Voluntario del Paris 365. Historiador y analista.